Vivencias 1

En vivencias voy a escribir mi testimonio, lo que he sentido en momentos de significativa ansiedad aquí en Madrid. No va a ser un espacio tan pedagógico como otras entradas que haga, en las que puedo publicar algún consejo o pauta. Aquí expresaré mis sentimientos, mis emociones y mis síntomas, y cómo intentaré superarlos.

Empezaré con mi primera clase aquí en Madrid. Yo vivo en una localidad cercana a Madrid, y ciertos días me tengo que desplazar a Madrid para tomar clases. Notaba como cierto malestar en mi cuerpo. Mi mente solo me decía: esto es Madrid, una ciudad abrumadora, llena de gente, agobiante, inmensa… Tú no estás echa para esto… con tu problema no vas a poder, te va a entrar un ataque de ansiedad… Estabas mejor en Asturias. Allí tenías tus amigos, conocías la ciudad, sabías cómo irte fácilmente a León (de dónde soy y donde está mi familia)… Todos estos pensamientos diabólicos me decía mi mente. Yo trataba de no escucharlos. Luchaba contra ellos… y ellos solo hacían que crecer, por que mientras más luchas más crecen. Cuando llegué a clase y mi novio se fue a la otra punta de la ciudad para seguir con sus clases, yo empecé a ponerme más y más nerviosa. Mi cabeza pensante: ya estás nerviosa y es el primer día ¿cómo vas a aguantar todo el máster?

Durante 2 interminables horas luché contra estos pensamientos y con el de una urgencia imperiosa de salir corriendo de la clase. Pero… ¿a dónde iba? No conocía a nadie en Madrid… y es taaan grande… Gracias a eso no me fui de la clase… aguanté como pude… intentando prestar atención al profesor, y participando en clase al final se me acabó pasando… Por que como todos sabemos la ansiedad no dura para siempre. Ahí me felicité por haberlo logrado. Yo misma bajé la ansiedad en dos horas. Lo que no sabía era que habría ya condicionado el lugar y empecé a tenerle miedo…

Pero no todo es malo en esta historia… a partir de ahí comprendí muchas cosas… muchas muchas cosas… y cosas buenas… en las próximas entradas iré dando a luz alguna de ellas.

Un saludo, Ágora.

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Pereza

Todos sabemos que cuando estamos mal no nos apetece hacer nada… queremos quedarnos en la cama de nuestro lugar seguro y esperar a que pase todo… O dormirnos y que despertemos de esta pesadilla… Y por desgracia esto no acaba de ocurrir.

SI NO CAMBIAMOS NUESTRA FORMA DE ACTUAR, NUESTRO MUNDO Y NUESTROS DÍAS NO VAN A CAMBIAR.

Esto no se puede hacer de un día para otro. Muchas veces no hay ni un ápice de ganas, no hay motivación, no hay nada… Solo hay pensamiento abrumadores en nuestras cabezas. Hacer que la atención de nuestro día a día se focalice en nuestros pensamientos hace que no podamos dejar de darle vueltas a nuestra cabeza, y además nunca encontramos una solución a nuestro problema. Es entendible que no queramos dejar de pensar (POR SI ACASO -casi nunca pasa-) encontramos alguna manera de sobrellevar nuestro malestar. Hacer siempre lo mismo sin ningún avance significa que no estamos yendo en la dirección correcta.

¿Qué os parece si intentamos poco a poco, a nuestro ritmo, hacer algo que en un primer momento no nos apetezca haber qué pasa?

Eso mismo hice yo. Empecé corriendo, 3 veces por semana. No me apetecía nada, y la verdad es que no es una actividad que me apasione. Si un día no puedo salir a correr, pues salgo a caminar. Me pongo unos cascos y me permito el lujo de hacer algo diferente. Si no puedo una hora, por lo menos salgo 5 minutos, me despejo y pienso que puedo conseguir alguna meta. Al final mandamos mensajes a la cabeza de que podemos hacer cosas que no nos apetecen, acabamos tolerando el malestar.

Ya os iré explicando más esta idea. Pero principalmente tenemos que tener en mente que si estamos mal y seguimos haciendo lo que siempre hacemos no hay ningún motivo por el que el malestar desaparezca.

Ánimo a todos, todos podemos hacer algo aunque no sea una meta muy grande.

Un saludo, Ágora.

 

Momentos iniciales

Ya llevo un mes en Madrid. Un mes más superado y la verdad es que ha sido denso. Ha tenido de todo como quien dice, por lo que he pensado contaros en varias entradas las vivencias y llegar a cómo me encuentro hoy en día.

Os preguntareis: ¿Y por qué has tardado tanto en escribir y no has ido contando poco a poco tu experiencias? Buena pregunta. Lo primero y menos importante: soy primeriza en esto de los blogs, por tanto no tengo costumbre (intentaré disminuir mis descuidos a la hora de escribir). Segundo, el máster y la vida de Madrid en la que el tiempo vuela no hace fácil la tarea de tener un huequillo para realizarlo. Tercero, y lo más importante: la pereza. ¡Ojo! No una pereza en plan vagancia de no querer hacer las cosas sin más. Sino la pereza que nos entra cuando estamos mal y no tenemos fuerza para hacer las tareas que nos proponemos cada día. Cuando nuestras cabezas se centran en un miedo y no sale de ahí, y cualquier cosa que tengamos que hacer en nuestro alrededor se vuelve banal o incluso molesto, ya que quita la atención del suceso al que queremos entender, EL MIEDO. Creedme, esta pereza es la peor que existe. Y es la cual hay que intentar eliminar y luchar contra ella, por que nos ayudará a resolver el problema. Entiendo que cuando estás lleno de preocupaciones y miedos no tengas ganas de hacer nada, pero si poco a poco, día a día, intentas seguir un plan, las cosas mejorarán. Hablaré de esto más adelante.

Hoy solo quería explicar el porqué de mi ausencia, más adelante desarrollaré mejor tanto qué significa esta pereza “existencial”, como cómo han sido estos 30 días con agorafobia en esta gran urbe.

Un saludo, Ágora.

Preámbulo

Empecemos. En primer lugar quiero explicar un poco lo que va a ser este blog. Quiero mostrar mi experiencia como persona que sufre de agorafobia y de ataques de pánico, mudándose a una gran ciudad como es MADRID. Quiero explicar mis sensaciones, mi evolución, mis sentimientos… Además lo trataré desde un enfoque tanto personal (principalmente) como profesional (soy psicóloga). Con todo esto pretendo dar apoyo y “consuelo” a toda esa gente que está pasando por un momento duro o difícil de su vida. A veces observar a alguien que tiene el mismo problema que tu ayuda a calmarte, o simplemente a ver que tu problema no es único, no es “raro”. Aquí no solo trataré de reflejar los malos momentos, sino también los buenos, para no dar una visión negativista de esta “nueva vida en Madrid”. Explicaré la realidad de mi día a día desde mi punto de vista, como yo lo he vivido.

Si alguien se pregunta el porqué del inicio de este blog, se podría decir que es por varias razones. Una, que al buscar testimonios por internet, no he encontrado ninguno, y a mí punto de vista leer a alguien que lo está pasando mal como yo me relaja y me da un poquito de esperanza. Además, el poder ayudar a gente es un tema que me apasiona, y si incluso lo puedo hacer no solo hablando de mi testimonio de forma personal, sino que también explicaros un poco como va este tema desde el punto de vista de la psicología, pues genial. Y otra de las razones de escribir estas entradas es el propio proceso terapéutico de escribir mis vivencias, de plasmar mis sentimientos, de escribir mis sensaciones… De la misma forma, poder tener una herramienta donde poder conocer a más personas con el mismo problema me parece fantástico. ¡El grupo hace la fuerza!

Así sin más dilación empezamos con este gran proyecto salido de mi corazón y de mis vivencias, para vosotros… para que por lo menos a alguno de vosotros al leer estas líneas os pueda calmar en algún instante de desazón. Para mí sería un auténtico placer. Gracias a quien me lea (si es alguno), espero hacerlo lo mejor posible.

Un saludo, Ágora.